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Viernes, 17 Febrero 2012

Dios, fútbol y tinto

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Durante el mundial de fútbol de Suráfrica, el diario del Vaticano, Le Observatore Romano afirmó en uno de sus titulares en sus páginas deportivas que el fútbol, tal y como lo conocemos con su fervor de masas y sus reglas simples de tiza, se los inventaron los indios guaraníes con la ayuda de las misiones jesuitas que llegaron a cristianizar el sur del continente en el siglo XVI. A pesar de darle todo el crédito a los guaraníes del invento y del talento para llevar el balón, nada de eso hubiera sido posible, sostiene Pereira,  sin la ayuda de la compañía de Jesús.

La religión está tan atada al fútbol, que algunos ateos sospechan de él como otra forma de exaltar a Dios y confirmar de una buena vez su existencia. Está a la vista, cada vez que Giovanni Hernández puede hacer un gol no falta su saludo camisetero al Cristo Redentor o en cada respuesta pos partido  el “Yo pienso de que…” fue reemplazado por “Gracias a Nuestro Señor Jesucristo que todo lo da pudimos sacar los tres puntos”.  No solo acá, en Brasil se acaba de forma una revolución porque el manager de las selecciones de fútbol , Andrés Sánchez , decidió prohibir de un solo tajo cualquier manifestación religiosa dentro y fuera de la cancha. La razón es que durante el mundial de 2010, los jugadores se la pasaron más rezando y meditando que haciendo lo que tenían que hacer: jugar. Sanchez dijo en todas partes que los encuentros místicos liderados por el asistente de Dunga, Jorginho y secundados por Kaká, Lucio y Josué  afectaron el rendimiento del equipo en Suráfrica, por lo que esta nueva generación se dedicará a jugar en los estadios y a rezar en las iglesias.

Sin embargo, algunas veces la religión no es simplemente una contemplación en los camerinos y al empezar los partidos sino que afecta la participación en los partidos claves de sus equipos. Por ejemplo en 2010, en Yom Kipur, el día sagrado de los judíos que celebra su año nuevo, en los que está prohibido disputar alguna actividad, el arquero del Mallorca Dudu Auoate no disputó su partido por la liga de ese día frente al Osasuna. La misma decisión la tomaron el técnico israelí Avram Grant,del Partizan de Belgrado, quien también no realiza ninguna actividad futbolística durante este día.

Eso es solo un ejemplo de lo que pasa cada año con los jugadores judíos, que se guardan un día al año para rezar. Otro es el tema de los jugadores musulmanes que se guardan durante un mes, que comprende el Ramadán (mes de ayuno general durante todo el día solar), que causó una fuerte polémica entre técnicos y jugadores que comenzaron a practicarlo hace unos años. Jugadores como el francés Kanouté o Diarrá hicieron parte de esa nueva camada de futbolistas que decidieron hacer sus creencias por encima de la exigente preparación física de los clubes que incluye abundante comida y líquidos durante el día. La FIFA entró a terciar en el asunto y explicó en su página varios ejemplos de qué era posible llevar a buen término la preparación física y que en algunos clubes de Europa decidieron apoyar a sus jugadores y no hacerse un ocho con las creencias de sus jugadores.

Lo cierto es que Dios, Yavhé o Alá están en todas partes, hasta en las concentraciones de los equipos y flotando como un fantasma listo para ser invocado en los momentos fundamentales. La importancia de Dios en un juego que se ha calificado como una religión no puede ser subestimada, hasta el día de hoy pocos futbolistas ha declarado ser ateos o agnósticos confesos. Dios se pone la camiseta de nuestro equipo cada domingo o cada miércoles, los jugadores se han convencido que esa es la mejor forma de disfrazar su ignorancia verbal y algunos técnicos son bendecidos por una comunicación directa con el Altísimo. Jesús, Dios, la Virgen María, Alá y Yavhé son figuras enormes en un juego universal.  La medida de Gómez, que no es inédita (ya la FIFA en 2009 había prohibido esas manifestaciones piadosas en las camisetas) puede ser una estrategia clara para concentrar a los jugadores con miras a ganar la copa del mundo que se jugará en su país en 2014 o solo una distracción como las motiladas que exigió hace ya algunos años Daniel Passarella a los peludos de Batistuta, Redondo y compañía. 



Hace poco dio inicio uno de los torneos deportivos más antiguos del mundo, un campeonato que reúne muchos trofeos en una sola competencia y cuya historia tiene hitos tan antiguos como los del balompié: El Seis Naciones de Rugby está en juego.

Esta competición tiene sus orígenes en el siglo XIX cuando Inglaterra y Escocia jugaron el que es considerado el primer partido internacional en la historia del rugby en 1871 (un año antes del primer partido entre combinados nacionales de fútbol, entre los mismos protagonistas). Durante más de una década de partidos entre las naciones que conforman la Gran Bretaña la idea de un torneo oficial entre los cuatro representativos fue cuajando y en 1883 nació el Home International Championship.

A pesar del entusiasmo por este deporte los primeros años vieron más dificultades que éxitos. Torneos incompletos, invasiones del público a los terrenos de juego y agresiones a los referís eran situaciones habituales. La entrada de Francia en 1910, aunque aún no era rival para los equipos británicos, convirtió al torneo en el Cinco Naciones, un evento deportivo realmente internacional.

A principios de la década de 1930, Francia fue acusada de que sus jugadores recibían pago por parte de los clubes a los que pertenecían, derivando en la expulsión del país continental.

Este es uno de los grandes debates que vivió el deporte a finales del siglo XIX y principios del XX. En Gran Bretaña la disputa entre el amateurismo y el profesionalismo en los deportes fue larga y bastante apasionada. No sólo representaba una discusión filosófica alrededor de los ideales griegos concernientes a las actividades físicas sino que también se convirtió en una lucha de clases: por un lado, la aristocracia incómoda con la apertura de sus competiciones a la clase trabajadora de la revolución industrial; por el otro, los obreros buscando que los días que le dedicaban al rugby y que les impedían trabajar en las fábricas y ganar su sustento, les fuera remunerado.

A medida que la cantidad de personas que pagaban por asistir a los encuentros aumentaba cada año, crecía la discusión entre los clubes y el ente rector que ni siquiera autorizaba el pago de compensaciones a los jugadores que perdían un día de paga en la fábrica. De este dilema surge en 1895 el cisma, el Rugby Union amateur y el Rugby League profesional, este último impulsado más que todo por clubes en el norte de Inglaterra, la zona más industrializada del país y la que tenía más presente el conflicto para los obreros-jugadores.

El Cinco Naciones, después de la Segunda Guerra Mundial, se consolida y Francia regresa, mejorando en su juego lo suficiente para ganar el torneo por primera vez en la década de los cincuenta. De ahí en adelante el torneo se convierte en el campeonato internacional más importante en el Rugby ya que era la única competencia de este deporte que reunía a más de dos naciones, aunque solamente fueran del hemisferio norte. Los llamados Test-Match o partidos entre combinados de dos naciones eran la única forma de competencia internacional que existía por fuera del Cinco Naciones hasta la primera Copa Mundial en 1987.

Con la aceptación del profesionalismo en 1995 por la International Rugby Board,  el dominio inglés y francés del torneo y la creación del Tres Naciones en el hemisferio Sur (desde este año Rugby Championship por el ingreso de Argentina) se buscó una forma de revitalizar la competencia y se le dio la bienvenida en el año 2000 a Italia, convirtiéndose en el actual Seis Naciones.

En el marco del torneo, en que cada equipo juega contra los demás una vez (la sede del partido se alterna año a año), se disputan varios trofeos: la Copa Calcuta al ganador entre Inglaterra y Escocia; El Trofeo Milenio entre irlandeses e ingleses; el Centenary Quaich (palabra gaélica para una especie de copa) entre Escocia e Irlanda; y el Trofeo Giuseppe Garibaldi entre galos e italianos.

Al equipo británico que logre en una edición vencer a todos sus contrapartes del Reino Unido se le reconoce como el ganador de la Triple Corona; el combinado que gane todos los partidos de una edición del Seis Naciones, además de ser el obvio campeón, logra el Grand Slam. Por el contrario, el que pierda todos los partidos de un torneo, queda con la Cuchara de Madera.

Este es el Seis Naciones, un torneo internacional más antiguo que los Juegos Olímpicos de la era moderna y que la Copa del Mundo de Fútbol y que dado el camino que ha tomado el Rugby Union en los últimos 15 años, podría convertirse en un evento aún más popular fuera de los países participantes y ser dentro de unas décadas el 10 ó 12 naciones.


Jueves, 09 Febrero 2012

Tiempo de partir

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Quienes me conocen, que seguramente son pocos de los que me leen, saben que defendí la labor de Jorge Osorio Ciro al frente del DIM hasta donde pude. Su llegada me parecía la forma más digna de dar el paso de un manejo turbio, oscuro y poco claro a un proyecto que parecía serio sustentado en un buen momento que le permitía a alguien venido desde la ética de la academia convertirlo en perdurable.

Si, es cierto que sabía poco de dirigencia deportiva, pero al fin de cuentas ¿Qué hay que aprender para ser presidente de un equipo? Tenía lo básico: amor comprobado de hincha, conocimiento interno del club  y dignidad, la que le daba ser un profesor en la Universidad de Antioquia por años. Además, en el proyecto “Sueños del Balón” lo respaldaban notables personajes del deporte y la administración pública que prometían una “nueva manera de formar jugadores”.

Seguí defendiendo su labor cuando su estilo directo y honesto mostraba un proyecto serio, con metas claras. No se dejaba manipular por la prensa y sólo hablaba cuando tenía que hablar, también patrocinaba ideas en mercadeo y comunicaciones innovadoras. En lo deportivo tomaba decisiones coherentes que llevaban a pensar en un proceso deportivo perdurable con entrenadores que mostraban un estilo: Santiago Escobar, Leonel Álvarez y Edgar Carvajal. De hecho los dos primeros se fueron por su propia voluntad, en contra de la del club que pensaba respaldarlos incluso en los malos resultados (en el caso de Escobar).

Como suele suceder, mientras se ganó todo fue una “luna de miel”, pero las derrotas trajeron la confusión, las mentiras y el estado de crispación que hoy se vive en cada lugar donde se habla del Independiente Medellín.

La salida de los entrenadores arrastró con estas un cambio de estrategia. Lo que al comienzo parecía una manera lógica de sostener un equipo en Colombia (sin capital externo que lo soporte): el vender a una de sus figuras por torneo, se convirtiera en un éxodo masivo que fue derrumbando la estructura. Se perdieron activos valiosos de la institución, jugadores que quedaron con el pase en sus manos, para colmo de males armando los rivales directos en el torneo doméstico.

El pequeño bonachón se convirtió en un nefasto dictador para los hinchas, un diablo peor que Jorge Castillo o que los directivos que se robaron al DIM por 45 años. El proyecto futbolístico se embarró en sus contradicciones y esa pequeña dosis de suerte que lleva a que una un técnico no funcioné terminó por someter las frágiles finanzas de un equipo que depende la taquilla.

Osorio Ciro convirtió su franqueza en soberbia, su prudencia en mentiras y, sobre todo, convirtió la transformación de un proyecto ambicioso como “Sueños del Balón” en un interés personalista donde presidente y dueños perdieron sus límites. Tal vez el paso a una “dictadura institucional” (si se me permite el término).  

Ahora, Jorge Osorio Ciro se tiene que ir. Por él, por los hinchas, por el club. Y no es necesariamente por las bravuconadas de la tribuna  o los improperios de las redes sociales contra el directivo. Su figura se ha desgastado y ha desgastado al DIM, ha fracasado en su propuesta de convertirlo en una empresa deportiva sólida, un proyecto futbolístico en permanente crecimiento.

Tampoco porque no traiga jugadores, porque es claro que la realidad económica no da para mucho más y las criticas en este sentido están orientadas desde la envidia por lo que hace su vecino más que por lo que puede hacer el club, se debe ir porque no ha sido inteligente en convocar alrededor de la dignidad de su pobreza. Su estrategia ha sido esconder la realidad entonces en vez de generar simpatía o recogimiento en su hinchada (como pasó con el equipo de 1989 y 1990) la alejó cada vez más.

Que una empresa se encargue de un equipo de fútbol en Colombia hoy es complicado, por eso su única salida es la democratización, sin pensar que esta es la panacea o algo parecido pues en cualquier sistema empresarial el fútbol es una tentación para el fracaso (porque su éxito termina dependiendo del resultado de un juego).

De cualquier manera, es momento de dar otro paso, cualquiera que sea, uno que encienda de nuevo la chispa de la hinchada, que genere una cruzada alrededor del equipo y que relance a la institución.  Parte de esto, sin duda, será una mayor participación, una comunicación más fluida y jugadores de nombre. Figuras o emblemas que hagan sentir de nuevo a los hinchas que se invierte en el equipo, después vendrá ganar algo, allí es donde se impulsa cualquier ideario aunque años después esto no importe nada… si no que lo diga Jorge Osorio Ciro.   


Miércoles, 08 Febrero 2012

Redonditos de Boca Vs Racing Stéreo

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El próximo viernes comenzará a jugarse un nuevo torneo argentino. El mal llamado Clausura, puesto se juega con el tiempo de los torneos europeos y no sudamericanos. Dos equipos colman las expectativas de la fanaticada: Boca, por ser el actual campeón y porque suponen los que saben de fútbol gaucho, se está ad portas de un nuevo ciclo de dominio Xeneixe en los ámbitos local e internacional. El otro club que parece  va a dar pelea arriba es Racing Club: por Basile que se hace cargo, y por el buen desempeño que vienen mostrando jugadores como Teófilo Gutiérrez.

Boca y Racing, sin duda, son dos grandes del fútbol continental.

Ahora bien, la semana anterior se cumplieron 30 años de la fundación de Soda Estéreo: mítica banda  argentina de rock, pop y folk (según los entendidos consultados) conformada por Charly Alberti, Héctor “Zeta” Bosio y Gustavo Adrián Cerati. Digna de resaltar, además de su exitosa carrera musical de casi 15 años, la pasión futbolística que profesan por “la Academia” Zeta y Cerati.

Soda, al igual que Racing, también tiene su clásico pero desde el ámbito musical. Esa contracara de la moneda se llama Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota: banda formada por Skay y “El Indio” Solari (que nada tiene que ver con la familia Solari plagada de futbolistas). Justamente “El Indio”, como para terminar de calentar un poco el torneo Clausura que se viene, es fana confeso de Boca…De esos a quienes les llena los ojos ver jugar a Román Riquelme, si se quiere la antítesis (por comportamiento) de Teo Gutiérrez, aunqueserían  complementarios por sus posiciones dentro de la cancha.

Y si Boca-Racing es un partido bravo, un verdadero clásico, ni que decir de los enfrentamientos que durante las décadas del ochenta y parte de los noventa (incluso hoy cuando las dos bandas legalmente no existen) vinculó a los integrantes y a los fanáticos tanto de Soda como de Patricio Rey.

Pero clásico no es clásico sin identidad que defender. Y así como se le atribuyen ciertas características sociales a los seguidores de Boca y al equipo mismo (pueblo, lucha, garra, humildad, pobreza, darlo todo y hacerse de la nada para ser el mejor de todos) se le atribuyen, esas mismas características, a los seguidores de los Redonditos de Ricota y al grupo en sí.

Esta banda, nunca utilizó los medios masivos para hacerse conocer y preferían pasar la voz y colgar afiches por todo Buenos Aires anunciando sus recitales en bares de mala muerte que con el tiempo, y el advenimiento del éxito y de una masa compacta de fieles seguidores, fueron cambiados por estadios con capacidad para 40 mil espectadores que deliraban cuando tocabanJijiji: la canción más popular del grupo. (Aun hoy suena la canción en recitales multitudinarios que hacen Skay o Solari, como solistas).

Y esas condiciones sociales que también se le atribuyen a Racing Club y su hinchada, se suelen vincular con Soda Estéreo y sus fieles seguidores. Ambos, equipo y banda, provienen de la clase media bonaerense, denotan cierto grado de elegancia, poseen una rica historia; ambos están ligados al poder por tradición (Gardel y Perón, fueron no tan sufridos hinchas de la “Acedé”)y fueron ambos, Soda y Racing, quienes llevaron fuera de las fronteras de su patria tanto al rock nacional como al fútbol:“La Academia”en 1967 ganó la primera Intercontinental para la Argentina, mientras Soda Estéreo fue el primer grupo de rock en español en consagrarse como estrellas a lo largo y ancho de Sudamérica, gracias a De Música Ligera que, a la larga, ni siquiera es la mejor  canción del grupo.

En la argentina, cuando de Rock se trata, los Redondos y Soda son el superclásico. Para los “ricoteros”, la otra banda encierra valores burgueses y no el sentimiento del pueblo hecho música. Cerati es un mediático, muy atraído por la moda; “El Indio”, por su parte, es todo lo contrario: encarna otros valores menos superficiales y más sociales, dicen los fanáticos, pese a que Cerati toda la vida ha vivido en el mismo barrio, en la misma casa, mientras el vocalista y líder de los redonditos vive en un Country de clase alta.

Cerati, más mesurado,solía decir que su pasión por Racing iba disminuyendo conforme avanzaba el tiempo, por obra y gracia de las interminables desilusiones: ¡Pecho frio! Dirán los seguidores de  “Los Redonditos”, de la misma forma que lo hacen los de Boca, cuando se refieren a los de Racing.

Solari, en cambio, cada que puede profesa su amor por Boca y asegura, muy orgulloso, que en su colección personal atesora dos camisetas autografiadaspor dos planteles campeones del Xeneixe. También afirma que no asiste a la cancha porque padece una extraña fobia a las multitudes: ¡Cagón!lo llamarán los fanas de Soda, de la misma forma que los hinchas de Racing denominan a los de Boca.

De hecho, la situación no termina con los enfrentamientos entre fanáticos de una y otra agrupación, sino entre los mismos artistas. En su momento, Solari dijo tener más en común con el carnicero de su calle, musicalmente hablando, que con el líder de Soda Estéreo. Un estilo muy boquense de provocar a los rivales.

Claro, una cosa es el fútbol y otra la música: no todos los hinchas de Racing son fanas de Soda, ni todos los de Boca lo son de Patricio Rey. Afortunadamente pueden convivir estas contradicciones sin ningún lío, porque tanto la música como el fútbol son sentimientos irracionales. Si no fuese así, ¿cómo explicar que una de las barras de Racing: “Racing Stones”, esté inspirada en una banda cuyo vocalista, MickJagger, es un confeso hincha de Boca?

Definitivamente Soda Estéreo y Patricio Reyson el clásico del Rock Argentino.

 

 


Miércoles, 08 Febrero 2012

La revancha incumplida

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Otro Superbowl ha pasado y todo el frenesí alrededor de esta final marca el cierre de una temporada más de la National Football League, la liga deportiva más popular de los Estados Unidos y la que genera más dinero que cualquier otra competencia, de cualquier otra disciplina, con aproximadamente 9.000 millones de dólares por año.

La NFL es la única de las cuatro grandes ligas deportivas estadounidenses que define su título en un partido único, no en una serie de siete juegos como en el baloncesto, el beisbol y el hockey sobre hielo. La sede está definida con anticipación y el evento ha pasado de tener bandas universitarias en el medio tiempo a acoger a estrellas del pop y del rock con elaborados escenarios y coreografías (no se contengan, hagan el chiste de la presentación de los Cantores de Chipucos en una de las finales del Nacional).

Desde mediados de la década de 1970’s muchos de estos partidos se han convertido en grandes generadores de rating con 21 Superbowls en la lista de los 45 programas más vistos en la historia de la televisión estadounidense. Para una ciudad alojar este evento se ha convertido en un objetivo tan importante que las municipalidades y los ciudadanos están dispuestos a financiar la construcción de nuevos estadios por el impacto económico que genera.

Esto ha llevado a que la fecha en que se juega este partido se convierta, después del Día de Acción de Gracias, en la jornada en que más reuniones caseras se lleven a cabo, no sólo para ver el juego sino todo lo relacionado con él, como los comerciales que las compañías empezaron a diseñar exclusivamente para esta transmisión.

Este Superbowl en particular enfrentó a los Gigantes de Nueva York contra los Patriotas de Nueva Inglaterra (Boston) cuya rivalidad se alimenta, además de la histórica ojeriza entre ambas ciudades, de la final de hace cuatro años en que los neoyorquinos evitaron que los ampliamente favoritos bostonianos consiguieran una temporada invicta y una página gloriosa en la historia del deporte.

Esta parecía la revancha, una que aunque no borrara la desilusión ni compensara lo sucedido en esa jornada invernal del 2008, le permitiría al Marsical Tom Brady y al entrenador Bill Belichick conseguir su cuarto anillo de campeón y entrar a una élite histórica de multiganadores.

Muchos esperaban que para Nueva Inglaterra esta jornada fuera similar a lo que vivió el AC Milán en el 2007, cuando se enfrentó de nuevo al Liverpool que dos años antes le había arrebatado de manera increíble el trofeo de la Champions League. Los italianos ganaron y aunque la final del 2005 seguía siendo una herida en su historia (como se dejan empatar tras un 3 a 0), ya cicatrizaba.

Los Patriotas jugaron bien pero fallaron en esas acciones que cambien el flujo de un juego, aquellas que amplían ventajas en el marcador o que congelan los intentos de los rivales. Los Gigantes siguieron ejecutando su plan de juego, sin desanimarse por sus errores o por los aciertos del contrincante, la línea defensiva presionando con solo cuatro jugadores, hizo sólo dos cargas y en general no parecía tener éxito hasta el último cuarto cuando la sensación de Deja Vu se hizo más fuerte; parecía que era el mismo partido de hace cuatro años en que las jugadas que Tom Brady y sus receptores siempre realizan de forma precisa se convertían en fallas de milímetros. Al final solo les quedó una oración como esperanza de triunfo (los pases largos cuando se acaba el tiempo son llamados Hail Mary, Ave María).

Así fue que el escenario de la revancha bostoniana se convirtió en el desfile del triunfo de los neoyorquinos. Al final se abrió de nuevo esa herida de hace cuatro años y para los Patriotas significa que, por lo menos por un tiempo, su extraordinario desempeño deportivo de la última década no sea visto con el respeto que merece.

 


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